La integración sensorial no es una moda
Es un proceso neurobiológico mediante el cual el sistema nervioso recibe, organiza e interpreta la información del ambiente y del propio cuerpo.
La integración sensorial es el proceso por el cual el sistema nervioso recibe, registra, organiza e interpreta la información que llega desde el ambiente y desde el propio cuerpo.
Gracias a este proceso podemos responder de manera adecuada a lo que sucede a nuestro alrededor: prestar atención, movernos, jugar, aprender, vestirnos, alimentarnos, tolerar determinados espacios y participar en las actividades cotidianas.
tareas que parecen simples pueden exigir un esfuerzo enorme.
Todos recibimos estímulos, pero no todos los procesamos igual
Durante todo el día, el cerebro recibe información sensorial. Procesamos luces, sonidos, olores, sabores y texturas.
También recibimos información relacionada con el equilibrio, el movimiento, la posición del cuerpo y las sensaciones internas, como el hambre, la sed, el cansancio o la necesidad de ir al baño.
Procesa la luz, los colores, las formas y los movimientos.
Permite registrar e interpretar sonidos.
Informa sobre contacto, presión, temperatura y texturas.
Interviene en el equilibrio y en la percepción del movimiento.
Brinda información sobre la posición y el movimiento corporal.
Permite reconocer señales que provienen del interior del organismo.
Todos procesamos esta información, pero cada cerebro puede responder de una manera diferente.
Un sonido cotidiano puede pasar inadvertido para una persona y resultar insoportable para otra.
Una textura puede ser agradable, indiferente o profundamente molesta.
Algunos cuerpos evitan el movimiento, mientras que otros parecen necesitar moverse constantemente para mantenerse organizados.
La diferencia no está solamente en el estímulo. También está en cómo el sistema nervioso lo registra y responde ante él.
Cuando el entorno se vuelve demasiado intenso
Las diferencias en el procesamiento sensorial pueden presentarse de distintas maneras.
Algunas personas responden de forma muy intensa ante determinados estímulos. Otras parecen registrarlos con menor intensidad y necesitan experiencias más fuertes para percibirlos.
También puede existir una búsqueda constante de movimiento, presión, contacto o sonidos.
Muchas veces son la forma visible de un sistema nervioso que intenta protegerse, regularse o conseguir la información que necesita.
La conducta también comunica
Cuando una persona todavía no puede explicar qué le sucede, muchas veces lo expresa a través de su conducta.
Un niño puede taparse los oídos, llorar, escapar de un lugar, negarse a usar determinada ropa o reaccionar intensamente ante una situación que para los demás parece inofensiva.
Esto no significa que todo berrinche, dificultad de atención o problema de conducta tenga una causa sensorial.
Las conductas pueden tener múltiples explicaciones y deben comprenderse dentro de la historia, el desarrollo y el contexto de cada persona.
Pero ignorar la dimensión sensorial también puede llevarnos a exigir respuestas que, en ese momento, el cuerpo no puede producir.
No es que no quiera: tal vez no puede responder de otra manera
Cuando el cerebro tiene dificultades para filtrar, priorizar o combinar los estímulos, cualquier demanda puede volverse agotadora.
Escuchar una explicación mientras hay conversaciones alrededor, copiar del pizarrón bajo una luz intensa, permanecer sentado durante mucho tiempo o tolerar el contacto físico pueden requerir un esfuerzo que los demás no perciben.
Estas frases no resuelven el problema. La persona puede estar utilizando gran parte de su energía para tolerar el entorno.
Por eso queda menos disponibilidad para aprender, comunicarse, esperar, regular las emociones o responder de la manera esperada.
Comprender esto no significa justificar todas las conductas ni eliminar los límites.
Significa identificar qué necesita ese cerebro para responder de una forma más adaptativa.
Comprender la integración sensorial permite acompañar con mayor precisión
La integración sensorial forma parte de la manera en que cada cerebro organiza la experiencia cotidiana.
Cuando el sistema nervioso se siente sobrecargado, desorganizado o insuficientemente estimulado, la conducta puede convertirse en una señal.
Observar antes de juzgar.
Comprender antes de exigir.
Ajustar el entorno antes de culpar.
Acompañar no es forzar a tolerar todo: es ayudar a encontrar una forma más segura y posible de participar.